La decisión del Banco Central de flexibilizar los encajes bancarios generó un cambio inmediato en el sistema financiero: las tasas en pesos se desplomaron. La autoridad monetaria redujo las exigencias de inmovilización de fondos y, además, limitó del 30% al 20% la participación de los fondos comunes de inversión en cauciones bursátiles, lo que obligó a canalizar más dinero hacia depósitos y otros instrumentos tradicionales.

La reacción más visible se dio en los plazos fijos. En los últimos días, las principales entidades pasaron de pagar tasas de dos dígitos altos a niveles históricamente bajos. Un banco líder ya ofrece apenas 22% anual por un depósito a 30 días, una señal de que el sector financiero ya no necesita captar pesos con urgencia y de que la demanda de crédito continúa debilitada. Con pocos pedidos de financiamiento, las entidades no tienen incentivos para competir por captar fondos.

Entre los bancos de mayor tamaño, la renta promedio para un plazo fijo ronda el 25% anual, mientras que los de segunda línea pagan apenas unos puntos más, pero en todos los casos por debajo del 30%.

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La caída también golpeó a las cuentas remuneradas de bancos y billeteras virtuales. Estas plataformas habían ganado popularidad durante la inflación alta, cuando ofrecían tasas atractivas por el dinero depositado “a la vista”. Sin embargo, con el derrumbe de los rendimientos, esa ventaja prácticamente desapareció.

Caída de tasas

La mayor liquidez también impactó en las Lecap, los instrumentos más cortos del Tesoro. Sus tasas retrocedieron a niveles inferiores al 25% anual en pesos, algo similar a lo que se observaba antes de la crisis que estalló en julio por el desarme de las Lefi y las tensiones preelectorales.

Durante los últimos meses, con encajes por encima del 50% y la obligación de cumplirlos de manera diaria, los bancos se habían visto forzados a pagar tasas superiores al 100% anual para conseguir pesos, encareciendo su operatoria y afectando sus balances. La reducción de la exigencia diaria —del 95% al 75%— alivió esa presión y permitió que el mercado comenzara a normalizarse, justo en vísperas del aumento de demanda estacional de efectivo típico de diciembre.

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Este nuevo escenario generó un derrumbe generalizado de tasas: la Lecap más corta perforó el 25% anual y las que vencen entre enero y febrero se ubican entre el 30% y el 32%. Esto facilitará las próximas licitaciones del Tesoro, que podrá renovar vencimientos a un costo más bajo y más alineado con la inflación.

En los bonos CER, que ajustan por inflación, el cambio también es significativo. En el pico de incertidumbre electoral, llegaron a ofrecer rendimientos equivalentes al 20% por encima del IPC. Hoy, ese “premio” se redujo a alrededor del 8% anual.

Caída de tasas

Con este nuevo panorama, el equipo económico deberá actuar con precaución. Una baja demasiado abrupta de tasas podría empujar a los ahorristas a buscar cobertura en dólares, generando presión sobre el tipo de cambio y expectativas inflacionarias.

Por ahora, la caída de tasas no se trasladó al crédito con la misma velocidad. La demanda de familias y empresas sigue débil y los bancos mantienen cautela ante el aumento de la morosidad. Hasta que no mejore ese frente, las entidades no tienen margen ni urgencia para acelerar la baja en los costos de los préstamos.