Los ingresos populares siguen rezagados frente a la suba de precios
Aunque la inflación interanual muestra una baja, salarios y jubilaciones continúan perdiendo poder adquisitivo.
La difusión de distintos indicadores salariales en dólares alimenta, en algunos espacios, la idea de que los ingresos en la Argentina han mejorado significativamente. Sin embargo, cuando se observan los números con mayor detenimiento, el panorama es bastante menos alentador.
Dos notas recientes del mismo medio permiten dimensionarlo. El 9 de julio, Infobae destacó que la Argentina encabezaba el “salario pretendido promedio en dólares” en América Latina, según Jobint. Ese ingreso aspiracional equivalía a USD 1.388 al tipo de cambio oficial del primer semestre, lo que implicaba un salario deseado en pesos de alrededor de $1.768.756.
Meses después, el 18 de noviembre, el portal informó que el salario promedio efectivamente percibido en octubre era de $1.483.740. Tomado al tipo de cambio oficial del 31 de octubre ($1.475 por dólar), ese monto se traducía en apenas USD 1.005. La comparación es evidente: el salario promedio equivale al 72% del ingreso pretendido, aun cuando se trata de indicadores diferentes y correspondientes a momentos distintos del año.
Por eso, medir salarios en pesos según su conversión al dólar oficial resulta una referencia débil. La flotación cambiaria y las intervenciones del Banco Central buscan justamente contener el traslado de la devaluación a los precios: es la llamada “ancla cambiaria”. Cuando esa ancla se mueve, la equivalencia salarial se altera en cuestión de días.
Deterioro de Ingresos
Más allá del tipo de cambio, los datos sobre el poder adquisitivo confirman el deterioro de los ingresos. Un informe de Mateconomía sobre salarios de agosto en Rosario muestra:
- Salario real privado: El salario real privado está 4% por debajo del nivel del inicio del gobierno y similar al de un año atrás. Cada trabajador perdió 1,7 millones de pesos.
- Salario estatal: El salario estatal cayó 18% desde el comienzo de la gestión, con una merma acumulada de 8,1 millones por empleado.
- Jubilaciones: Las jubilaciones mantienen una pérdida de poder de compra del 22% respecto de 2023: cada jubilado acumula un retroceso de 4,2 millones de pesos.
En paralelo, el Celag ubica al salario mínimo argentino —actualizado a noviembre de 2025— como el más bajo de la región: apenas USD 225, por debajo incluso de Bolivia y Paraguay, y muy lejos de Costa Rica, que supera los USD 700.
El ajuste económico en curso se traduce así en una redistribución regresiva: mejora la rentabilidad empresaria, pero a costa del ingreso de trabajadores, estatales, jubilados y también de pequeñas y medianas empresas, que ceden margen frente a sectores más concentrados.
Mientras tanto, el costo de vida continúa en ascenso. Según un relevamiento del Instituto de la UBA, en noviembre un hogar promedio del AMBA sin subsidios destinó $173.480 solo para gastos esenciales de energía, transporte y agua.
En síntesis: aun con una inflación interanual en descenso, los ingresos populares siguen perdiendo terreno. Salarios y jubilaciones corren detrás de los precios y la mejora no llega al bolsillo de la mayoría. Reorientar la política de ingresos en favor de los sectores más afectados no solo aliviaría necesidades básicas: también es condición para reactivar una economía que se sostiene, cada vez más, sobre ingresos debilitados.
DENARIO